
Donde el amor se vuelve costumbre
y el tedio del día nos da en la frente,
ahí te encuentro reposando en caricias,
tendido en suspiros y ruegos y promesas sin puentes.
Abandono el cuerpo, lo dejo a la deriva
para que a tu ritmo el compás siempre suene.
Resignada como soy,doy calor, mientras el frío me duele.
Mi cuerpo es espesor de deseos fervientes
que el invierno cubrió, y ahora, mueren, mueren...