
Ayer pequé, lo acepto.
Vi tu cuerpo desnudo
y se me antojó tenerlo.
Las manos resbalaron
por los pechos.
Penetraste mi existencia
y perdí el aliento.
Me sudaste todo lento.
Caí a un pozo
del cual aún no regreso.
Mi demonio exorcisó.
Nuestro cuerpo vibró.
Pecaste tú, pequé yo.
Infieles los dos
volveremos a hacerlo.
Elevaremos nuestro incienso
hasta el cielo.
Arriba juzgarán.
“¡Dictamen: el infierno!”.
Huiremos al placer,
al deseo.
A nuestro paso dirán:
“Pecado original cometieron.
La manzana que mordieron
prohibida era".
Juntos reconstruiremos
nuestro paraíso…
nuestro cielo…