11 julio 2009

Candinga


Candinga era una rata feliz. Caminaba por la mansión todas las noches en busca de comida. Se escurría por la sala, subía por los sillones, se descolgaba por la cortina de terciopelo verde, hacía maromas para bricar hasta la mesa del teléfono, se deslizaba por el cable colgado del intercomunicador, hasta llegar al cancél del comedor. Poco a poco avanzaba por las patas de las sillas y olfateaba todo, corría desesperada hasta cubrirse detrás del refrigerador. Ahí de nuevo comenzaba otra aventura: subir por la mesa, avanzar por entre los aparatos eléctricos, hasta lograr entrar a la despensa, empujando las puertas con sus patas traseras. 

Dentro era como ir de compras al supermercado: un pedazo de pan, un poco de queso, algunos granos de arroz y unas cuantas hojuelas del cereal azucarado que tanto le gustaba. Luego las verduras: subía por las repisas de plástico hasta los tomates y zanahorias, los mordisqueaba y cargaba los pedazos suficientes para subsistir por algunos días.

Entre semana, Candinga se dedicaba a algunas labores domésticas: planchar las alas de repuesto de doña Cuca, una cucaracha que vivía en el techo del zaguán; lavar los pantalones de Coco, el sapo del jardín; roer las bolsas de basura, para que doña Tere y sus amigas las moscas comieran diariamente; cambiar las cuerdas desgastadas del violín de Augusto, el grillo.

En una de esos recorridos, conoció a Félix, el gato de la familia Fernández. Se enamoró de él a primera vista, sin conocer las consecuencias que esto le traería. Félix era un hermoso angora. Su pelaje abultado era de color marrón con manchas blancas y grises. Su mirada azul hipnotizaba a cualquiera. Era el consentido de la Señora Josefa, dueña de la mansión.

Una noche, armada de valor, se paró frente a las almohadas en donde Félix dormía y comenzó a chillar para llamar su atención. Félix despertó y se abalanzó sobre ella, pero con la intención de devorársela. Se desató tremenda persecusión. Candinga estaba asustada y se escondía tras las sillas, los muebles, las mesas, chillando para explicarle a Félix el motivo de su acercamiento, pero éste no le entendía. Le lanzaba sarpazos y se lamía los bigotes antojado de Candinga. En un zigzagueo, Candinga logró entrar a su ratonera, denunciándo la ubicación. Su decepción fue enorme: ¡Félix se la quería comer!.

Pepe el mosquito, se había percatado de la situación y comenzó a seducir a Candinga. Todos los días, Pepe entraba volando a la ratonera y zumbaba palabras de amor a su oído. Una mañana muy calurosa, Candinga despertó y se dió cuenta que Pepe estaba prendido de su cuello succionándole sangre, como si fuese un vampiro. Ella se sacudió para desprenderlo, y corrió y corrió, atravesando toda la casa, expuesta a las garras de Félix. Salió por la puerta trasera y escaló para llegar al ático. Ahí pensó claramente y decidió no regresar a su ratonera.

Ideó una nueva ruta para llegar a la cocina y abastecerse de alimentos. Descubrió que si salía al jardín no tenía que recorrer mucho, debido a que la ventana de la cocina estaba junto a la toma de aire del ático y sólo tenía que escurrirse por las lianas de la enredadera. ¡Candinga estaba decidida a iniciar una nueva vida!.

Mientras cenaba, escuchó que Miguel, el búho, le ofrecía serenata. Candinga se asomó para agradecerle. Miguel clavó la mirada en su presa, y mientras Candinga chillaba, remontó su vuelo y se inclinó tratando de tomarla con sus garras. Asustada, Candinga se lanzó temblando entre los arbustos de la entrada, corrió a una esquina y prometió no tener mayor contacto con animales desconocidos para no exponer su vida de nuevo.

Un día domingo, doña Josefa subió al ático dipuesta a hacer la limpieza del lugar. Al ver a Candinga gritó asustada y con fuerza le arrojó la escoba, alcanzando su frágil y decepcionado cuerpo, que quedó tirado, convulsionándose en un charco de sangre…

6 comentarios:

..:: Shinji Ikari ::.. dijo...

las alimañas no tienen sentimientos, son de cartón. En está historia esta la primer ama de casa que mata al ratón a la primera.

Saludos!
:D

Serpiente sabor Sandía dijo...

Gracias por tu visita.... y, no todo es literal...

Athena dijo...

Muy bello, Candiga me trajo recuerdos...

Saludos!!

P.D.: Me ensimisme en Candinga como un viejo sueño a la mitad de su luz devorado por la infatuación del primer amor, fugitivo de los amores rapases después, y finalmente encerrado y temeroso en el ático del desencanto, frió y asesinado por un mundo.

Serpiente sabor Sandía dijo...

Gracias por tu visita... saludos!!!...

ROSALMOR dijo...

Preciosa narraciòn, làstima x Candinga se enamoro de un imposible ypese a tratar de reinventarse la muerte la alcanzò...T visitarè seguido

Serpiente sabor Sandía dijo...

Muchas Candingas deambulan por el mundo... cuídate de no ser una de ellas... gracias por pasear por este espacio vomitivo... ¿intercambiamos link?... saludos...